El sonido de tu voz (capítulo 1)
- ValeriaSantiago
- 6 jun 2018
- 3 min de lectura
Cuando el primer amor surge, no nos queda más que recordar... La historia de amor de una joven que pretende haber olvidado y que sigue sin comprender que sigue enamorada.
Sucedió así, en otro momento yo lo habría llamado destino, ahora creo que fue mala suerte, y es que ni él ni yo éramos compatibles, para nada. No es necesario dar detalles, ya se darán cuenta conforme vayamos avanzando en la historia.
Nos conocimos por casualidad un trece de febrero del año 2009, una fecha nada especial, ni siquiera era todavía el día del amor y la amistad. Su madre y la mía asistían al coro que tocaba la misa de las 10:00 am los domingos, aunque ese día no era domingo, pero como si fuese un club social o algo por el estilo, el coro hacía pequeñas fiestas en el salón contiguo de la parroquia cada vez que hubiera algo que celebrar. Ese día, claro, celebraban el día del amor y la amistad, por adelantado, y los cumpleaños de dos integrantes del coro, entre ellos el de su mamá. Yo iba a todas esas celebraciones, razón por la cual me sorprendió verlo ahí, era la primera vez que su madre lo llevaba y supongo, por su rostro desbordante de desaprobación y total aburrimiento, que fue a la fuerza como favor a su madre, quien ese día, como dije, cumplía años.
Un niño de diez años, de nombre Luis Alonso, delgado, con un corte de cabello muy parecido al de un hongo, de piel clara como la leche y ojos en forma de almendra color, válgame la redundancia, almendra; mejillas rosadas y de rostro entre ovalado y redondo. Vestía un short formal, camisa blanca, tirantes negros y tenis blancos, los más blancos que yo haya visto hasta ese momento (demasiado limpios para un niño de diez años). De rostro amable y tierno aunque con una actitud algo arrogante. Ese día, creo que me enamoré de quien parecía ser un ángel, y tal como lo he dicho, lo parecía, hasta que lo conocí.
No habían pasado ni cinco minutos y ya le estaba haciendo berrinche a su mamá para que se fueran, a lo que su mamá respondió con un tranquilo “Pero si acabamos de llegar, ¿por qué no juegas con los otros niños?” A lo que enseguida le siguió un rotundo: “¡No!” por parte de él, acompañado de una ceja fruncida (la ceja fruncida más tierna que he visto jamás). Entonces su mamá lo ignoró por un momento hasta que él comenzó a jalar de su saco y ahora sí que lo regañarían con severidad por lo que intervine -Algo, debo decir, imposible de creer de mi parte, pues si a esta edad me encontrara de nuevo con que el amor de mi vida estuviera a punto de ser regañado por su madre, no pienso que sería tan atrevida-. Le tomé de la mano y le dije a su mamá, cabe agregar, con mucha seguridad: “No se preocupe, señora, yo lo llevaré a jugar con los otros niños” a lo que ella sonrió, bastante sorprendida. Y caminé con él, tomándolo con fuerza pues se esmeraba en que lo soltara, y lo obligué a jugar conmigo y con los otros niños, aunque más conmigo.
Para mi fortuna, no hubo que obligarlo más después de los veinte minutos, cuando comenzó en serio a divertirse. De alguna forma, su presencia había sido para mi como magia que había logrado que cualquier juego fuera el mejor y el más divertido de todos los juegos.
A partir de ese día comencé a ir todos los domingos a la iglesia esperando poder verlo (quiero decir, de por sí iba todos los domingos pero esta vez iba con todas las ganas de ir, al grado que comencé a darme cuenta de la impuntualidad de mamá y eso me molestaba un poco, jaja), aunque para mi desdicha infantil no fue los primeros dos domingos por lo que casi me rendía de verlo al siguiente, pero sorprendentemente apareció.
Los adultos cantaban y los niños nos íbamos a la terraza que estaba a un costado del coro y jugábamos durante una hora, hora y media, que duraba la misa y las despedidas de los adultos. Todo iba bien... entre él, Marcos, Mariana, Sergio, José, Rodrigo y yo, inventábamos los mejores juegos, llenos de aventuras, un poco salvajes y bastante ruidosos, jaja. Fue hermoso aunque sólo duró otros tres domingos más, al menos por mi parte, pues un mal día llegó ella y todo lo arruinó.
Fin del primer capítulo. Espero lo hayan disfrutado.

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